Interpretación de Juan Manuel de Rosas del 25 de mayo de 1810
¡Qué grande, Señores, y qué plausible debe ser para todo argentino este día consagrado por la nación para festejar el primer acto de soberanía popular que ejerció este gran pueblo en mayo del célebre año 1810! ¡Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y con una dignidad sin ejemplo! No para sublevarnos contra las autoridades legítimas constituidas, sino para suplir la falta de las que, acéfala la Nación, habían caducado de hecho y de derecho. No para sublevarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la posesión de su autoridad de la que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos que nos ligan a los españoles, sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud, poniéndonos en disposición de auxiliarlos con mejor éxito de su desgracia. No para introducir la anarquía, sino para preservarnos de ella… (…)
Estos, Señores, fueron los grandes y plausibles objetos del memorable Cabildo abierto celebrado en esta ciudad el 22 de mayo de 1810, cuyo acto debería grabarse en láminas de oro para honra y gloria eterna del pueblo porteño… pero ¡Ah!... ¡Quién lo hubiera creído! Un acto tan heroico de generosidad y patriotismo, no menos que de lealtad y de fidelidad a la Nación Española y a su desgraciado monarca; un acto que ejercido en otros pueblos de España con menos dignidad y nobleza, mereció los mayores elogios, fue interpretado en nosotros malignamente como una rebelión disfrazada…
Y he aquí, señores, otra circunstancia que realza sobremanera la gloria del pueblo argentino, pues que ofendidos con tamaña ingratitud, hostigados y perseguidos de muerte por el gobierno español, perseveramos siete años en aquella noble resolución de sufrir males sobre males, sin esperanza de ver el fin; y profundamente conmovidos del triste espectáculo que presentaba esta tierra de bendición anegada en nuestra sangre inocente con ferocidad indecible por quienes debían economizarla aún más que la suya propia, nos pusimos en manos de la Divina Providencia, y confiando en su infinita bondad y justicia, tomamos el único partido que nos quedaba para salvarnos: nos declaramos libres e independientes de los reyes de España y de otra dominación extranjera.
El cielo, señores, oyó nuestras súplicas. El cielo premió aquel constante amor al orden establecido, que había excitado hasta entonces nuestro valor, avivado nuestra lealtad y fortalecido nuestra fidelidad para no separarnos de la dependencia de los reyes de España, a pesar de la negra ingratitud con que estaba empeñada la Corte de Madrid en asolar nuestro país. Sea, pues, nuestro regocijo tal cual lo manifestáis en las felicitaciones que acabáis de dirigir al Gobierno en tan fausto día; pero sea renovando aquellos nobles sentimientos de orden, de lealtad y de fidelidad que hace nuestra gloria, para ejercerlos con valor heroico en sostén y defensa de la causa nacional de la Federación que ha proclamado toda la república, de esa causa popular bajo cuyos auspicios en medio de las dulzuras de la paz y de la tranquilidad podemos dirigir nuestras alabanzas al Todopoderoso, y exclamar, llenos de entusiasmo y alegría;
¡Viva el 25 de Mayo!
¡Viva Confederación Argentina!
¡Mueran los impíos unitarios!
Crítica de Juan Bautista Alberdi a la interpretación de Rosas
[Rosas] no conoce la historia de su país, o bien la quiere mal; la oscurece, la deprava, la adultera; olvida de intento sus grandes días, sus grandes hechos, y el verdadero espíritu suyo: olvida los grandes nombres, los grandes servicios pasados, todo lo que es pasado; […] para él no es nada la historia de toda la Revolución: “la Restauración” es todo. Deprava la historia en su provecho, prostituye el verdadero carácter de sus hechos, de sus dogmas, de sus designios: lo corrompe todo, todo lo infesta, pasado, presente y porvenir. Hace cuatro años, que en una arenga pública, presentó a la Revolución como un paso de fidelidad, de subordinación colonial hacia la dominación de Fernando VII, y no como una insurrección de libertad y de independencia americana. Dio la espalda a su verdadero sentido, y no vio en Mayo más que el costado parlamentario y diplomático; tomó la superficie por el fondo, y puso en ridículo el primer acontecimiento americano.
|