Excelentísimo señor:
Después que escribí a V. E. desde Cobos, emprendí mi marcha para la Cabeza del Buey, a donde llegué a poco más de medianoche, allí permanecí todo el día siguiente, y según los avisos del mayor general que vino a ocupar Cobos y sucesivamente retrogradó hasta unírseme, estuve preparado en la tarde del 27 a recibir al enemigo; pero habiendo cerrado la noche, continué la marcha hasta la Ciénega, sin haber ocurrido novedad, y de allí a este punto, donde me hallo desde ayer a la madrugada.
Por los partes del expresado mayor general, sé que el teniente de húsares don Manuel Benavides se pasó al enemigo, que el capitán del mismo cuerpo don Máximo Zamudio, que se hallaba de avanzada en el Campo Santo, fue hecho prisionero con cuatro hombres, por falta de cuidado y vigilancia, según dicen los soldados que han escapado.
El alférez don Gaspar Burgos, a quien hacía días que tenia destinado con una partida hacia Salta para recoger armas, y según he entendido, el gobierno lo envió al valle de San Carlos para reclutar, se me asegura que éstos se levantaron contra él y su partida en dicha ciudad; les amarraron y quitaron las armas, y por lo que ya me habían referido algunos vecinos de aquel paraje, entiendo que todo es obra de un Sánchez y un Matorras, que existían allí desterrados, y a quienes había mandado al gobernador que alejase de allí.
No lo queremos creer, y aun estamos en la persuasión de que se debe proceder con suavidad, con dulzura, y, si es posible, adular a nuestros enemigos para atraerlos; y yo estoy persuadido de que es el mayor engaño que padecemos: no tardará mucho en que sepamos que los europeos que han quedado en Salta, forman un cuerpo y toman las armas contra nosotros, a la par con los clérigos que no han querido salir y que hacen la guerra todavía más a su salvo y con más ventajas porque dirigen las conciencias.
Ahora he visto lo mismo que dije a V. E. desde los principios, que no estaba el ejército en un país amigo; lo más malo en punto de caballadas y mulas es lo que nos han franqueado, y eso pagándoles a diez pesos por cada una de las últimas, que al tiempo de irnos a servir de ellas han salido chúcaras; por mis oficiales y otros amantes de la patria que me acompañan y se han visto precisados a refugiase en los bosques, extraviando los caminos, hasta venir a unírseme, sé que todo el campo, al oeste del camino, está lleno de caballadas buenas, de inmenso número de mulas y de ganados, cuando se me decía que no había un caballo.
Esto es cierto que los enemigos han hallado caballadas muy pronto, y que los cuatrocientos hombres que han venido persiguiendo mi retaguardia del modo más eficaz, según me dice el mayor general, están bien montados, y crea V. E. que conseguirán todo con más facilidad que nosotros, pues les abren la puerta a los hacendados que era todo su clamor, para vender sus mulas y ganados, cuyo valor, como sucede en todo el universo, prefieren al bien general de la patria: siempre los ricos han sido egoístas, y son tan raros los que no lo son como el ave Fénix.
La multitud de tenientes coroneles agraciada por V. E. que había en Salta, y un coronel se contentó con irse a presentar y, cuando más, poner un esclavo en su lugar para batirse con el enemigo (sic.) 1; tal es la clase de estos patriotas de boca que así se degradan, con injuria del uniforme que no debieran llevar porque no son para ello, dándoles otras distinciones si las merecen y no las de los defensores de la patria, que, a mi ver, se deberían economizar si se quiere tener ejércitos; conozco que estas son digresiones de mi punto principal, pero permítame V. E. que me desahogue con franqueza, pues éste es mi único consuelo en mis apuros, y porque mi deseo del bien de la patria me empeña a decir a V. E. cuanto siento, por si valiese algo para sus providencias ulteriores.
Estoy dando lugar a que marchen las tropas de carretas para seguir hasta el Tucumán poco a poco, no habiendo otro punto en que nos podamos situar para los trabajos de parque y maestranza, para la enseñanza de la tropa y para todos los objetos que son precisos; pero ha de ser en la inteligencia de que el ejército no se mueva para subir hasta que no esté en estado de llevar la victoria por delante; pues todo lo demás es perder tiempo, perder armas, y, lo que es peor, la opinión, como nos sucede ahora, que me consta que aún los que han dado pruebas de patriotas están en contra nuestra en todo Salta y sus alrededores, y lo mismo sucederá por todo el territorio que no pisen las armas de la patria.
Dios, etc.
Manuel Belgrano
Pasaje, 30 de agosto de 1812.
Referencias:
Probablemente: [De] la multitud de tenientes coroneles agraciada por V. E. que había en Salta, un coronel se contentó con irse a presentar y, cuando más, poner un esclavo en su lugar para batirse con el enemigo.
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