Traducción de una carta escrita por el señor Beckington al señor Roberto Peel incitándolo a estudiar el proyecto de ocupar o las Islas Malvinas o un punto de la Patagonia o Tierra del Fuego, posesión que les proporcionaría la llave de la navegación hacia el Pacífico y una base estratégica
Londres, 11 de julio de 1829
Señor:
Habiéndole dirigido dos cartas a usted, una en 1827 sobre la política de fundar establecimientos coloniales en el oeste de Australia, y otra hace algunas semanas sobre lo que representaría su producción de materias primas, me atrevo de nuevo a sugerírselo porque aunque ello no está íntegramente dentro de la esfera de su Departamento, es un tema que puede ser digno de consideración y puede ayudar a los intereses de este país.
Usted sabe bien que mediante las estaciones, fortificaciones o puertos como Heligoland, Gibraltar, Malta, Cabo de Buena Esperanza, Bermuda, etc., Inglaterra domina las costas o entradas del Báltico, Mediterráneo, Levante, Océano Índico, etc.
Usted no puede menos de saber que hace muchísimos años Inglaterra estableció una colonia en las Islas Falkland; pero este establecimiento molestó a España y en consecuencia Inglaterra abandonó dicho lugar.
No puede usted desconocer que en un pequeño lapso varias repúblicas se formaron en lo que en un tiempo eran territorios españoles, bordeando el Pacífico, etc., con cuyos estados este país mantiene un comercio considerable. Por consiguiente qué interés tiene España en objetar a ello, o qué poder tienen las jóvenes repúblicas para oponerse o qué derechos tienen los Estados Unidos de Norte América para quejarse (han establecido una base similar en Lampedoca casi al alcance de los cañones de Malta) si Inglaterra erige de nuevo un nuevo depósito o establecimiento marítimo en la entrada o cerca del Mar del Sur.
La estabilidad del poder de la Gran Bretaña reside en su comercio y usted debe saber que muchas de las autoridades de los Estados Unidos de Norte América desean ardientemente estar en guerra con este país y esperan con impaciencia la hora de algún daño o trastorno nuestro para lanzar sobre el océano sus numerosos corsarios; cuando de semejante absolonismo y adhesión hemisférica, sus naves mercantes y de corso públicamente o en privado se encontrarán con toda clase de ayuda o mercado para sus capturas en los puertos de esas nuevas repúblicas.
Ahora le sugeriré que en la plenitud del poder y en la de paz, el gobierno tan pronto como fuese conveniente tomase posesión de algún puerto con el modesto título de depósito de pesquería de Ballenas del Sur y cuya entrada –de ser posible- estuviera defendida contra la intrusión de una fuerza moderadamente fuerte y el cual pudiera, gradualmente, convertirse en una pequeña Gibraltar del Sur: ya en las Malvinas, ya en la parte Sud del Continente o en la misma Tierra del Fuego. Un puerto en esta situación podría quizás estar guarnecido en parte, por un destacamento procedente de algún regimiento castigado; y, en la estación de verano en tiempo de guerra ser el lugar de cita de unos cuantos buques de guerra capacitados para impedir el acceso o salida de buques mercantes y de corso de los Estados Unidos de Norte América u otros en los mares del Sur, sería en realidad como guardar el Mar del Sur y aún la circunnavegación del mundo bajo llave y no estaría distante el día en que estas repúblicas le tuviesen miedo. Sería útil como depósito de pesca de ballenas del Sud y punto de escala para buques en la muy a menudo peligrosa travesía entre Río de Janeiro y Baldwin y otros puertos hacia el Norte.
Creo, señor, que estas nuevas repúblicas son poco más que pasivas en su comercio. Pero usted ha oído mencionar Congresos Americanos en que los Estados Unidos de Norte América debían ser parte; quizás no esté distante el día en que los Estados Americanos se unan mediante una especie de Alianza Federal cuya política puede ser inamistosa para con los intereses de este país.
Un establecimiento de esta naturaleza al cortar sus comunicaciones convertía la política de tal alianza en algo sin importancia.
Yo conozco lo que es la envidia entre los estados, pero los Estados Unidos de Norte América han dado el ejemplo pues por la fuerza tan tomado posesión de la Florida de los españoles, siendo ésta la parte más meridional de los Estados Unidos de Norte America en el Atlántico y con ello han obtenido uno de los pasos hacia las Antillas. Por lo tanto no podrán quejarse que Inglaterra se posesionare de un puesto solitario en la zona más meridional de los territorios que pertenecían a España en la América del Sur y que limita el Atlántico en región no habitada por españoles.
Si esos establecimientos que ha sugerido pueden ser considerados como inútiles o gravosos, o como teorías visionarias, o pueden ser puestos en práctica, es algo que lo dejo librado a su criterio.
Soy, señor, su obediente servidor
Beckington
Remitida a Lord Aberdeen por Mr. Peel con sus saludos.
16 de julio de 1829. |