El movimiento feminista en la República Argentina
Un poco de historia
La acción a favor de la emancipación civil y política de la mujer no es nueva entre nosotros, si bien nunca tuvo la intensidad actual, ni encontró en la masa ciudadana tan franca acogida. Hace algunos años fue iniciada, pero ya por inexperiencia, ya por indiferencia ambiente, no prosperó. Era necesario esperar el latigazo de los acontecimientos modernos.
El primer centro feminista fue fundado en 1906 a iniciativa de la que esto escribe, quien presentó una moción en el Congreso Internacional del Libre Pensamiento, habido en ese año en el mes de septiembre. La moción fue aprobada unánimemente y alrededor del naciente centro se reunieron las más prestigiosas figuras argentinas que el movimiento librepensador había agrupado. Fue presidente de ese centro la doctora Rawson de Dellepiane. A pesar de los entusiasmos iniciales el Centro Feminista vivió poco, tal vez fuera prematura su creación. Separados de él muchos de sus miembros, se transformó en el centro Juana Manuela Gorriti.
A iniciativa de las Universitarias Argentinas tuvo lugar en 1910 el Congreso Femenino Panamericano, que congregó numerosas representantes de los países americanos y un interesante grupo de mujeres argentinas. En él fueron tomadas resoluciones del mayor mérito para las cuestiones debatidas por los feministas.
Posteriormente fue fundada la Liga Pro Derechos de la Mujer y del Niño, por la señorita Raquel Camaña y la doctora Julieta Lantieri. Esta institución tuvo el mérito de organizar el primer Congreso Nacional del Niño, que dio origen al Congreso Americano del Niño, independiente ya de la Liga nombrada y cuyo segundo congreso, ahora oficializado, se reunirá en el próximo mes de mayo en Montevideo.
Durante largos años el movimiento feminista fue letra muerta entre nosotros. Me refiero –es fácil comprenderlo- a la actividad de centros de carácter feminista y no a la actuación aislada de determinadas personas, que nunca ha faltado, ni a las declaraciones de algún partido político, como el Socialista, cuyo programa sobrepasa inmensamente el alcance de las campañas feministas.
Y de este largo silencio debemos culparnos y lamentarnos, pues en una ocasión, que no volverá a presentarse, debió hacerse oír la voz de las feministas, cuando en la Cámara de Diputados se discutió la ley municipal. El señor Francisco Correa propuso la extensión del voto (calificado) a las mujeres, y el doctor Dickmann, ampliando la idea, propuso fuera universal. Nadie apoyó las proposiciones, ninguna manifestación popular dejó entrever a los legisladores que las mujeres argentinas comprendían el valor de ese derecho y lo reclamaban.
Era necesario esperar que algo externo agitara el pensamiento argentino, poco propenso a los idealismos; éste fue el unánime sentimiento de admiración que despertó la actitud de la mujer durante la guerra, la afirmación de su capacidad y la convicción que nació, aun en las poco clarovidentes, de que una de las consecuencias generales de esta guerra sería, más o menos rápidamente, la emancipación femenina.
Esta observación fue la que guió a las fundadoras de la Unión Feminista Nacional, creada en el mes de abril del año pasado, sobre la base del núcleo reunido por la señorita Julia García Games.
A fines de ese mismo año fue constituida la Liga Pro Derechos de la Mujer y hace pocos días el Partido Feminista Nacional.
Contamos, pues, en la actualidad, con tres agrupaciones netamente feministas, además del Centro Socialista Femenino y la Agrupación Socialista Femenina, que lo son también, de acuerdo con la institución política a la que responden.
Cómo debe orientarse la acción
Creemos que es de gran interés determinar las líneas directrices de la actividad social para evitar pérdidas de fuerza y de tiempo. Es evidente que cada agrupación actuará de acuerdo con las tendencias de sus dirigentes y según las ideas expresadas al fundarse; pero no pueden ser éstas sino ligeras variantes, dado que el fin es común. Por ahora lo más necesario es sembrar ideas.
No debemos caer en el error tan frecuente de los que, muy convencidos de una causa y limitados en su acción a un grupo igualmente convencido, creen que todos piensan como ellos. Debemos saber que hay quien mira con indiferencia, ironía y hasta con horror lo que conceptuamos justo y necesario. Y estos conceptos negativos o adversos nos quitan fuerzas, engendrando corrientes sociales contrarias a las nuestras.
Sembrar ideas, pues, por medio de conferencias, artículos, revistas, folletos, por todos los numerosos medios de propaganda y sembrarlas con suficiente inteligencia y tino, para no alejar a los que no nos comprenden, pues ésos son los que debemos convencer. Evitar los gestos extemporáneos, ridículos o excesivos, pues una publicidad exagerada puede sernos contraria, fortaleciendo las corrientes opositoras a que me refería.
Sembrar ideas, sobre todo para que el día en que consigamos nuestros derechos, puedan las mujeres ejercerlos con conciencia, deseen ejercerlos y lo hagan para el bien de todos.
Y lo que sobre todo debemos tener presente es que la emancipación femenina no está constituida por la elevación de una o más personalidades, sino por la del nivel general, por el acrecentamiento del valor moral o intelectual que sólo hacen que los derechos no sean palabras escritas en los códigos. Y esperemos que el movimiento que tan brillantemente se inicia se realice siempre en plena concordia, de suerte que no haya energías perdidas en vanas discusiones personales, de que tan bien nos han dado ejemplo…los hombres. |